VIVA LA RADIO. Murcia, año 2772. Hasta que la muerte nos separe... Así NO se casaban los romanos

Nuestro concepto tradicional de matrimonio no procede del Derecho Romano sino del Derecho Canónico y se forma a lo largo de la edad media, aunque el matrimonio romano está en la base del concepto moderno.

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Adolfo Díaz Bautista

Para los romanos, el matrimonio no era “un contrato”, sino una situación en la que un hombre y una mujer vivían juntos con un vínculo afectivo. No había una ceremonia de consentimiento (no decían “sí quiero”), aunque había ceremonias sociales que visibilizaban el comienzo de la convivencia. En ellas, según algunos autores la esposa decía “ubi tu Caius ego Caia” (donde tú seas Cayo, yo seré Caya) de donde dicen que proviene la palabra “tocayo”. 
Hoy día para que una pareja forme un matrimonio es necesario realizar un acto determinado de consentimiento ante un juez, un sacerdote, un funcionario o un notario. En Roma, bastaba con que vivieran juntos como esposos. Se parecía más, por tanto, a la pareja de hecho que al matrimonio.
Además, en Roma el matrimonio no era indisoluble. El carácter permanente (hasta que la muerte nos separe) lo introdujo la Iglesia en la Edad Media sobre la base de las palabras de Cristo: lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Se trataba de una medida para proteger a la mujer, que habitualmente no tenía patrimonio ni ingresos y se veía abandonada por otra más joven. En Roma el divorcio era libre (según las épocas) y se formalizaba con la mera ruptura de hecho (marchándose de casa) y pronunciando unas palabras determinadas: “Tibi habeas res tuas” (llévate tus cosas).
El matrimonio podía ser de dos clases: cum manu y sine manu. La manus era el poder patrimonial del marido sobre la mujer (de aquí viene lo de pedir la mano de la novia). Cuando el matrimonio era cum manu, la mujer pasaba a formar parte de la familia del marido y a depender económicamente de éste. En cambio, en el matrimonio sine manu la mujer mantenía su independencia y estatus familiar de soltera. Para adquirir la manus había varios procedimientos legales pero también se adquiría por el mero uso cuando la pareja convivía ininterrumpidamente durante un año. Por eso, cuando una pareja sine manu quería evitar la adquisición de la manus, debían dormir separados, fuera de la casa familiar, durante tres noches al año (probablemente coincidiendo con la final de la liga de fútbol).
Antes del matrimonio, cuando los esposos se comprometían la familia del novio entregaba a la de la novia una cantidad de dinero para hacer frente a los gastos de preparación de la boda: eran las arras, que se devolvían cuando se formalizaba el matrimonio. Por otro lado, al comienzo del matrimonio, el padre la novia entregaba al novio la dote, una serie de dinero o bienes que servía para mantener a la familia. Esta dote debía devolverse al suegro o a la esposa cuando el matrimonio se disolvía, bien por divorcio o por muerte de la esposa. Para ello los juristas inventaron una acción procesal: la actio rei uxoriae. Si el marido demostraba que el divorcio se producía por culpa de la esposa, entonces podía retener una parte de la dote.
El matrimonio en Roma (mater monium, oficio de la madre) siempre era heterosexual. Aunque los romanos eran bastante tolerantes con las relaciones homosexuales nunca lo equipararon al matrimonio, sobre todo porque éste estaba muy vinculado a la procreación y cuidado de la prole. Sin embargo, se cuenta que el emperador Nerón realizó dos matrimonios homosexuales: en el primero, se casó con su amante Esporo, después de haberlo castrado. Posteriormente realizó una ceremonia de boda con un liberto Dioforo, vistiéndose en este caso Nerón con ropas de mujer.

 

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