El tenista murciano derrota a Adam Walton (6-3, 7-6 y 6-2) y ya está en la segunda ronda del Open de Australia, donde le espera el miércoles el alemán Yannick Hanfmann.
GREGORIO LEÓN
Melbourne, con sus altos edificios de gran metrópoli, sus playas perfectas para esas fotos que recolectan likes en Instagram, sus gentes amables, puede ser un sitio inhóspito. Aquí Rafa Nadal, con toda su estatura mitológica, se atascó varias veces. Y Carlos Alcaraz, heredero de su legado, ni siquiera ha llegado a la cota de las semifinales. A las singularidades de un torneo de altísima exigencia le acompañan ahora al murciano las dudas que todo cambio genera. Ya sin el pupilaje de Juan Carlos Ferrero, la lente dirigida al número 1 es de mayor aumento, y espía cada movimiento, cada gesto. ¿Será Carlitos el mismo Carlitos que era con Juanki? De momento, sí. Camiseta con una paleta de colores que da protagonismo al verde, al negro y al blanco, y bíceps que anuncian golpes demoledores, esa derecha que le ha llevado a la cumbre, y la gama de recursos que tiene hechizado al circuito desde hace mucho tiempo. 2026 ha traído al Alcaraz de siempre. Adam Walton lo desafiaba, al otro lado de la red, refugiado en el calor del público entusiasta que llenaba las gradas de la Rod Laver Arena en la sesión nocturna. Pero el jugador de El Palmar no estaba para bromas. Ni para sorpresas, esas que acechan en los estrenos.
Rendir a Walton en el primer set requirió de paciencia. Hasta tres opciones tuvo de ruptura el murciano. El australiano iba salvando situaciones complicadas, una detrás de otra, valiéndose de todos sus recursos, incluido un ace. Pero después de un juego en blanco de Carlitos, llegó el break con un golpe paralelo, violento, imposible para el rival. Las gradas escucharon el primer "¡Vamos!" de la joya de Murcia. Otro derechazo puso epílogo al primer set, resuelto en treinta y cuatro minutos.
Intrépido, sin miedo a nada, pidió la palabra Walton en el segundo capítulo, plantando un break a un Alcaraz con algunas dudas, que incluso soltó un grito exclamativo al fallar un revés paralelo que parecía fácil. Tocaba apretar los dientes. Y el murciano recondujo la situación, devolviendo la ruptura. "¡Muy bien, Charly!", se animaba el chico murciano. Y así se encaminaron los dos jugadores a la muerte súbita. Ahí Carltos no dio opciones, intimidando al resto y lanzando machetazos al servicio.
Con la confianza minada Walton, viendo que Alcaraz, ya con el viento a favor, era irreductible, el tercer set fue breve, para cerrar con muy buenas sensaciones el primer partido en la Rod Laver Arena. La siguiente cita será contra el alemán Yannick Hanfmann, número 102 del mundo.
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