El tenista murciano derrota a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4 y se mete en la final del Masters 1.000 de Montecarlo.
GREGORIO LEÓN
Los domingos son otra cosa desde que un chico criado en El Palmar se ha empeñado en meterse en todas las finales posibles. Carlos Alcaraz quiere hacernos felices una vez más. El murciano propone un plan. Y nada lo puede mejorar: verlo a él, encumbrado en el puesto número 1 del mundo, frente a Jannik Sinner, el único que le sigue el ritmo. Y es lo que tenemos en el Masters 1.000 de Montecarlo.
Todo después de un partido ante Valentin Vacherlot que dejó una colección de puntos mágicos, de esos que se viralizan y que quedan grabados en la memoria. Ante el monegasco, jugador emergente que empieza a ganar jerarquía, se gustó con las dejadas, ejecutadas con maestría, o con globos, solo posibles para un talento como él. Fue así, con una dejada, no podía ser de otra manera, cómo cerró el partido, que siempre gobernó. El primer set ya se inclinó a su favor con un 6-4 nítido. Por mucho que lo intentó Vacherot, animado por el público, Alcaraz es mucho Alcaraz. Solo algún error en la segunda manga, con dobles faltas difícilmente explicables, dio emoción al partido. Pero la cosa no fue a mayores, y el jugador murciano tendrá enfrente en la final a Sinner, que derrotó a Zverev. Capítulo número diiecisiete de los más grandes.