El tenista murciano, acalambrado durante el partido, gana en el quinto set a Zverev (6-4, 7-6, 6-7, 6-7 y 7-5) y se mete en la final del Open de Australia.
GREGORIO LEÓN
Carlos Alcaraz nunca había llegado tan lejos en la otra parte del mundo. Adorado en Nueva York, festejado en París, reverenciado en Wimbledon, Australia siempre le pilló a trasmano. Pero este año quiere completar el viaje a la excelencia, ser el más joven en tenerlo todo. De momento, con un tenis que ya mezcla talento natural y madurez adquirida, es invulnerable a cualquier amenaza. Y es capaz de resistir a dolores y calambres. Alexander Zverev se vio obligado a capitular ante el murciano, que jugará el domingo su primera final en Melbourne. Ni siquiera el guionista perverso del deporte que a veces se pone a escribir finales crueles pudo con Carlos Alcaraz, que venció a sus achaques musculares y a su rival, dejando para la historia del tenis uno de los partidos memorables, que van directos a las enciclopedias y al corazón de los aficionados.
La lectura del partido por parte de Alcaraz fue impecable. Zverev es un tenista extraordinario. Y ahí está el historial de enfrentamientos, con igualdad en tantos y tantos registros. La paciencia era necesaria. Y Carlitos aguardó a la segunda opción de ruptura para hacer un break y empezar a sentir que el viento soplaba a su favor. El primer capítulo era suyo.
Las dificultades surgieron en el camino en el segundo. El alemán, que había tenido un bache, se rehizo, y llevó al límite a Carlitos, 5-2 abajo. La reacción del jugador de El Palmar fue excepcional. Su gestualidad era muy expresiva. "Manos sueltas", le pedía Samu López. "Batalla mental", le decía más tarde. Y su pupilo, obediente, interpretando a perfección las consignas que le llegaban desde su box, con esa sonrisa traviesa que a veces se le escapa cuando acaba de firmar uno de esos puntos que solo él tiene, llegó al 'tie-break' y acabó rindiendo a Zverev para que la segunda manga también fuera suya.
Los calambres aparecieron en el inicio del tercer set. Antes ya había vomitado. Era el signo de algo empezaba a fallar en su cuerpo. Alcaraz necesitó atención médica, y sus movimientos de pantera se hicieron de hierro. No tenía piernas, pero sí talento y brazos. Y valiéndose de ellos fue capaz de llegar a la muerte súbita. La moneda no cayó de su lado. Pero había hecho granero en el comienzo del partido. Eso le quedaba a su favor. También perdió el 'tie-break' ante un gran Zverev en la cuarta manga. El desenlace quedaba para más adelante.
Los giros de trama fueron constantes en el quinto capítulo. Primero pidió la palabra Zverev, haciendo una rotura de servicio. Y ahí fue Carlitos Alcaraz, remando contra corriente, juego a juego, merodeando la devolución de break, pero sin completarla. Apelaba a la emotividad, interactuando con el público, que estaba de su lado, enardecido por este murciano al que todo el mundo quiere. El alemán sacó para ganar. Pero se encontró con un héroe que jamás se rinde. 5-5. Luego, con su servicio, otra vez crecido, puso el 6-5. Y ni siquiera le dio opción a su antagonista de un súper 'tie-break' que parecía obligatorio para resolver el litigio. Al resto se llevó la victoria, después de cinco horas y media extenuantes, donde vivió el borde del acantilado. Pero, una vez más, demostrando su condición inmortal, regresó.