El tenista murciano derrota a Luciano Darderi (6-2, 6-4 y 6-0) y ya está en los octavos de final del US Open. Tuvo que ser atendido por molestias en la rodilla. Su próximo rival será el francés Rinderknech
GREGORIO LEÓN. Nueva York
No lo ha dicho un cualquiera. Puede ser exagerado o solo la constatación de una realidad. John McEnroe, sin vacilaciones, con su voz grave, ha expresado en la previa del partido que Carlos Alcaraz es el tenista con más talento que han visto sus ojos. Por delante de Federer, Nadal o Djokovic. Su opinión puede ser debatible. Pero lo que queda lejos de cualquier controversia es que el murciano va muy en serio en el US Open. Luciano Darderi intentó desafiarlo. Pero Carlitos, que ha cambiado el burdeos por el rosa, sigue rectilíneo hacia su objetivo, ser de nuevo el número 1 del mundo.
En el horario matinal arrancó con fuerza. A la mínima oportunidad hizo un quiebre, con una volea cruzada y con ello el 2-0. Exhibiendo su recién ganado poderío en el saque, no daba opciones a Darderi, llevándose los juegos en blanco. Y en apenas medio minuto cerró el capítulo, al resto. Y en esa línea de excelencia prosiguió el tenista murciano en el segundo set, conjugando aces con voleas sutiles, negando cualquier posibilidad de reacción a Darderi. Pero un mal apoyo en un saque provocó un mal giro en la rodilla. Requirió la intervención del fisioterapeuta del torneo, que aplicó un masaje en el cuádriceps de la pierna derecha. Pareció funcionar. Alcaraz consiguió dos juegos seguidos para llevarse el set.
Minimizando riesgos, protegiéndose con con sus golpes ganadores, Carlos Alcaraz siguió fabricando la victoria, que cayó de su lado con otro set extraordinario. McEnroe tiene razón.
En octavos le espera el francés Arthur Rinderknech, que se deshizo en cuatro sets de su compatriota Benjamin Bonzi (4-6, 6-3, 6-3 y 6-2).