Alejandro Arribas se prepara para aportar 350.000 euros destinados a atender los pagos y evitar que el club, ahora en causa de disolución, corra riesgo de ser liquidado.
GREGORIO LEÓN
Con el Cartagena en causa de disolución, una deuda de tres millones y medio de euros generada por la mala gestión de Francisco Belmonte, el club es candidato a caer en otro concurso de acreedores. Pero el nuevo equipo directivo ya trabaja para esquivarlo. Además de la amenaza de las Administraciones públicas, el principal problema que aparece en la mesa es la deuda con los proveedores, que serían los primeros en empujar al club a un escenario concursal. Pero el Cartagena ya está emprendiendo negociaciones para poner freno a esa situación, eliminando el riesgo. Alejandro Arribas deberá poner 350.000 euros cada mes para cumplir con todos los compromisos económicos, que incluyen una nómina por encima de los 100.000 euros, y pagos fraccionados de 150.000 a proveedores y Agencia Tributaria y 70.000 para calmar a la Seguridad Social.
Arribas hizo una aportación de 1,4 millones de euros en julio, cuando quedó firmado el contrato de compra-venta. Más tarde depositó otros 500.000, que recogen conceptos como el plazo de inscripción para competir en la Primera RFEF, desatendido por Belmonte. En marzo debe hacer un siguiente pago de 400.000 euros, y hasta 2027, una cantidad total de 2'9 millones de euros que prestó Felipe Moreno a la entidad albinegra. En el precio total de la compra-venta, cifrado en 5,5 millones de euros, se incluye una cantidad de 500.000 estipulado para contingencias.
Con la deuda a corto plazo bajo control a fin de evitar un concurso de acreedores e incluso el riesgo de liquidación y extinción del club, cuando el club enciende las luces largas aparecen problemas nuevos que traería un posible ascenso a la Segunda División. El Cartagena debería haber satisfecho la deuda pública (1,1 a Hacienda; 250.000 a la Seguridad Social), y además, efectuar el pago de la aportación contable exigida por la Liga de Fútbol Profesional, y que se eleva a 3'8 millones de euros. Un préstamo que otorga la patronal futbolística a los clubes que descienden, y que ya ha sido consumido en gran parte: 2'5 millones de euros han sido gastados. La imagen del Cartagena a ojos de la Liga de Fútbol Profesional se ha ido erosionando. Javier Tebas ha visto cómo la deuda se descontrolaba en la etapa final de Francisco Belmonte. Con unas aportaciones imperativas de 3,5 millones de deuda y 1,3 de aportación contable, unos siete millones de euros en concepto de derechos televisivos, el Cartagena solo tendría unos tres millones de euros para preparar su presupuesto en el fútbol profesional, solo mejorable con inyecciones externas, derivadas de la venta de abonos (900.000 euros) y patrocinadores varios (600.000), de acuerdo a cálculos realistas. Un nuevo Cartagena, jibarizado, de economía de guerra y lucha por la subsistencia. En consecuencia, Arribas tendrá que hilar muy fino y no soltar la mano de la calculadora para que el club, ahora estabilizado, no regrese a una situación límite y quede al borde del acantilado, expuesto a su desaparición.