El jugador murciano, que ha renunciado al torneo de Rotterdam, se tomará unos días de descanso. Su siguiente cita, en el golfo Pérsico.
GREGORIO LEÓN
Todo va demasiado rápido. Incluso para Carlos Alcaraz. Con su edad, a los veintidós años, figuras legendarias del tenis como Novak Djokovic o Roger Federer solo habían ganado un Grand Slam. El murciano ya tiene siete en su colección. Y el de Melbourne le ha hecho infinitamente feliz. Ha habido otros éxitos que lo dejaron levitando. Ser el número 1 más joven del mundo cuando ganó el US Open en Nueva York, por ejemplo. Pero esta edición del Open de Australia traía nuevas complejidades. Muchos esperaban que se la pegara. Que sin Juan Carlos Ferrero perdería la magia y su talento. Que ya no sería lo mismo. Que Samuel López no iba a saber darle soluciones. Y no ha sido así. En vez de eso, de dudas, ha mostrado una extraordinaria fortaleza mental, vadeando todos los problemas que le surgían en el camino. Y su nuevo entrenador ha tenido una importancia capital en este nuevo éxito.
Habría querido tener la noche libre para disfrutar de la Melbourne nocturna. Pero llegó a su hotel a las dos y media de la mañana, después de atender los interminables compromisos que nacen cuando gana un Grand Slam. Y por la mañana, además de atender a los medios españoles acreditados (Onda Regional, entre ellos), tuvo sesión oficial con el trofeo.
Carlos Alcaraz descansará. No acudirá al torneo de Rotterdam (del 9 al 15 de febrero), en el que se estrenó el año pasado. Y su siguiente cita ya será en el golfo Pérsico. Doha le espera a partir del día 16.
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