El equipo grana se impuso por 2-1 al Atlético de Madrid "B" y se pone a cinco puntos del 'play off'.
GREGORIO LEÓN
El Murcia le debía este partido a su afición, tantas veces torturada, de frustración en frustración, abandonando Nueva Condomina con ese dolor de estómago que no se te va el lunes. Esta vez no hubo cristales en la boca. Solo miel. Sin corsés, desacomplejado, borró a un Atlético de Madrid "B" que aparecía presumiendo de registros admirables en terreno ajeno. Primero puso la seda. Luego la lija. El primor y luego el sacrificio. Los datos: tercera victoria seguida y el equipo que huye de la zona roja para colocarse a cinco puntos del 'play off'. El vaso está medio lleno.
El equipo grana salió a toda mecha. La ubicación de Jorge Mier le hizo bien al Murcia, que se proyectó por los dos costados, con David Vicente incidiendo por la derecha y Cristo Romero por la izquierdo. Y el gol madrugó en Nueva Condomina. La defensa atlética, dubitativa, no acertó a cortar un balón botando dentro del área. Y Óscar Gil, con el instinto aguzado, presentó la cabeza y marcó el 1-0. Apenas se habían jugado siete minutos. Los episodios se sucedieron, a ritmo de thriller. Gol anulado a Flakus, por fuera de juego. Sobresalto de los aficionados locales por otro tanto, pero de Arnau Ortiz, también en posición antirreglamentaria. Revisión de un posible penalti a Pedro Benito... Y al borde del descanso, Jon García, con determinación, se anticipó y la pelota terminó en las botas de un mago, Joel Jorquera, que la envió a un ángulo imposible. Nueva Condomina se inflamó.
Todo parecía bajo control. Pero el fútbol está lleno de paradojas y contradicciones. Jon García, autoritario toda la tarde, imprescindible para entender el partidazo que veían los aficionados, agarró dentro del área a Kubo. Un error de principiante que le costó al equipo el 2-1. Arnau Ortiz lanzó el penalti, Gazzaniga despejó, pero el goleador atlético cazó el rechace.
Con más de media hora por delante, el Murcia vivió en el filo de la navaja. Pero sus futbolistas, con un alto sentido del deber, se aplicaron para atender sus obligaciones, que no eran pocas ante un rival tan exigente. Y después de 96 minutos de emociones, los más de 15.000 aficionados citados en Nueva Condomina pudieron gritar de felicidad. Se lo merecían.