Treinta años después del gesto contra ETA, llama a construir país desde el acuerdo y la unidad ciudadana, recordando que el verdadero impacto del movimiento está en la conciencia colectiva
Adrián González Lipiani, uno de los impulsores del movimiento Manos Blancas tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente por ETA en la Universidad Autónoma de Madrid, reivindica en Onda Regional el poder transformador de la sociedad civil y llama a construir país desde el acuerdo y no desde el conflicto.
Treinta años después de aquella imagen que dio la vuelta a España en la que miles de manos blancas se alzaban en silencio contra la barbarie, Adrián González Lipiani rompe su habitual discreción para recordar cómo una iniciativa universitaria espontánea terminó movilizando a cerca de un millón de personas en Madrid y a cientos de miles más en toda España. El joven estudiante que compró un cubo de pintura blanca sin imaginar la dimensión histórica del gesto sostiene hoy que aquel movimiento marcó un punto de inflexión en la lucha cívica contra el terrorismo y que su verdadero legado no está en los libros, sino en la conciencia colectiva.
En plena actualidad política, González Lipiani lanza una reflexión que conecta con el presente: reclama recuperar el espíritu de unidad ciudadana frente al “estado del conflicto” y preguntarse si las instituciones están sirviendo realmente al interés general. Las manos blancas, dice, ya no son necesarias contra ETA, pero el compromiso cívico sigue siendo imprescindible.