El enclave acogerá talleres, exposiciones y actividades durante todo el año para poner en valor la historia, la convivencia y el legado de Al-Ándalus en Murcia
La muralla medieval de la calle Sagasta de Murcia vuelve a abrir sus puertas al público tras décadas en desuso como sede permanente del festival Murcia Tres Culturas, en torno al cual se celebrarán talleres y actividades relacionadas con la historia, los orígenes del municipio y los valores del respeto y la tolerancia.
El nuevo espacio cultural, en el que se exponen los carteles originales del festival, se ha presentado este viernes en una rueda de prensa, donde se han dado a conocer las primeras actividades previstas hasta el mes de junio. La programación arrancará este 26 de marzo con la actividad “Entre versos y vino, secretos de Al-Ándalus”.
La arabista de la Universidad de Murcia, Pilar Garrido, coordina estas iniciativas y ha explicado que este primer taller abordará el pasado de Al-Ándalus como potencia productora y exportadora de vino, incluyendo un recital de poesía y una cata de vinos de la tierra.
En los meses de abril, mayo y junio se celebrarán otros talleres centrados en el reinado de Ibn Mardanís, la mística de Ibn Arabí y la caligrafía árabe, con actividades como alfarería, creación de agua florida y aprendizaje de escritura con tinta y cálamos.
Los talleres serán gratuitos con inscripción previa y contarán con un aforo limitado a 25 participantes, con reservas disponibles en la web del festival.
El concejal de Cultura e Identidad, Diego Avilés, ha subrayado que el objetivo es dotar al espacio de una programación continua durante todo el año, incluyendo conferencias, conciertos, charlas y degustaciones, para reforzar el papel del festival como motor turístico y cultural más allá del mes de mayo.
La reapertura ha servido también para presentar el cartel de la edición 2026, obra de Vicente Martínez Gadea, que apuesta por los símbolos de las tres culturas, la cruz, la media luna y la estrella de seis puntas, representados como una joya entrelazada.
El autor ha destacado que esta obra simboliza la convivencia cultural que marcó la historia de Murcia, donde, pese a las diferencias políticas o religiosas, la cultura actuó como elemento de unión, una herencia que perdura hasta la actualidad.