De volcanes y navajas
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Krakatoa es el título del espectáculo que dos compañías murcianas, Trama Teatro y Neuróticas Anónimas, van a estrenar este próximo viernes en el Centro Párraga. Carmen, Natalia, Pepa, Encarna, Mariela y Yoli han empezado esta mañana en ese mismo espacio una residencia que les va a permitir trasladar el trabajo que previamente han hecho en casa al espacio real de un escenario. Así que tienen por delante una semana de intenso trabajo para ajustar la escenografía, definir las marcas, cuadrarlas con la iluminación. Todo, para contar la historia de Krakatoa, una reflexión sobre la vida y la muerte, sobre la maternidad y la orfandad, que toma como punto de partida una coincidencia: el mismo día en que una de las protagonistas da a luz, la otra se despide de su madre. Un texto escrito por Carmen Sosa y Natalia Yurena, dirigido por Pepa Castillo y Encarna Illán e interpretado por la propia Carmen Sosa y por Mariela Lucas, con el apoyo de un piano cuya música crece y evoluciona al hilo de los acontecimientos.
La Hora de la Cigarra también ha recibido en su estudio a dos de los integrantes del colectivo La Navaja, una promotora de conciertos asociativa que cumple ahora tres años programando música en Murcia y Cartagena. Manuel Romero y Francisco Muñoz nos han hablado del origen de esta iniciativa, con la que han conseguido traer a la región a grupos y solistas por los que el circuito musical oficial no parecía tener demasiado interés. Los eligen siguiendo un procedimiento absolutamente democrático en el que participan todos los socios de La Navaja. Y programan en La Yesería, la cooperativa Ítaca o la sala Spectrum en Murcia y en Mr. Witt Café en Cartagena. Salas en las que las actuaciones se convierten en una experiencia diferente también para los artistas, que tienen una oportunidad poco habitual de entablar un contacto directo con sus seguidores.
Nuestro capítulo de hoy lo ha completado nuestro querido Ignacio del Olmo haciendo algo insólito: desaconsejando libros de novela negra. O más bien, desaconsejando a dos autoras cuyos méritos literarios son, al menos para Del Olmo, un auténtico misterio: Mary Higgins-Clark y Ruth Rendell.