Verdades incómodas sobre coros y parrandas
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Interesantes reflexiones las que nos ha dejado esta tarde en La hora de la Cigarra Javier Mondéjar, director de la Coral Orpheus. Al hilo de la actuación que esta agrupación celebrará este próximo fin de semana en el Auditorio Víctor Villegas (función, por cierto, para la que no quedan entradas) Mondéjar sostiene que es posible que en esta región tengamos un cierto exceso de formaciones corales de carácter amateur, que contrasta con la llamativa circunstancia de que en Murcia no haya un verdadero coro profesional. No pone en duda Mondéjar, todo lo contrario, el extraordinario papel que juegan estas agrupaciones integradas por aficionados, entre los que abundan además los cantantes con formación musical académica. Son núcleos de convivencia magníficos, que realizan una labor impagable. Pero una comunidad como esta, que tiene infraestructura suficiente y que ya dispone de una Orquesta Sinfónica, debería plantearse la posibilidad de impulsar la constitución de un grupo profesional. Eso, además, permitiría abordar un enorme repertorio que ahora se queda fuera del alcance de la Sinfónica, circunstancia muy interesante en un momento en el que asistimos a un proceso imparable de envejecimiento del público de la música clásica, que exige dar con estrategias que corrijan la tendencia.
Puestos a contar verdades incómodas, anoten ésta de Tomás García, autor junto a Jairo Juan García, de un libro titulado "Un viaje por seguidillas entre la huerta y la ciudad de Murcia" que se presenta este jueves a las seis y media de la tarde en el Museo de la Ciudad. Estamos ante un profundo y detallado estudio sobre la vigencia de este género musical al que pertenecen las parrandas en el entorno de la capital de la región. Y el resultado de esa investigación, en la que los autores han analizado cientos de documentos históricos, publicaciones en prensa y cancioneros, no deja de ser sorprendente: la parranda, ese género que ahora consideramos como el gran estandarte de la música tradicional de esta región, desapareció durante décadas de las tradiciones de la huerta de Murcia y su recuperación, ya en la posguerra, no se hizo recurriendo a fuentes directas: fue más bien una "recreación", una reinterpretación de las coplas originales que se habían perdido para siempre.
El capítulo de hoy se ha completado con la siempre interesante aportación de Vicente Funes, hoy vinculando el mundo del cómic con el del tatuaje. Y en la intersección de ambos conjuntos salen algunos nombres muy interesantes. Algunos internacionales, otros de la tierra como Sr Kruel o Rata Satán; ambos estuvieron en el número 0 del fanzine que publica la Biblioteca Regional, demostrado el extraordinario olfato para el talento de nuestro querido Funes.