Aniversario. Miguel de Molina: El creador audaz que desafió los convencionalismos
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Su voz, definida como una fuerza que atraviesa años y fronteras, brilló en los teatros de la España de los años 30 envuelta en mantones y luces de candilejas, pero también conoció la dureza del exilio y la persecución por el atrevimiento de "ser distinto". El artista total, que también se encargaba de los arreglos musicales, la escenografía y el diseño de su propio vestuario. Un avanzado a su época que llevó la poesía culta al pueblo mezclando flamenco, danza y una interpretación teatral única que llegaba directamente al corazón de la gente.
La Fundación Miguel de Molina ha comenzado a sacar a la luz "tesoros" ocultos en cajas de su archivo personal que incluye cartas, fotografías, y un diario íntimo de sus diez meses de encierro; testimonio en primera persona que relata su terror ante la posibilidad de ser ejecutado y la incomprensión de que se le prohibiera vivir de su arte. Documentos que permiten redescubrir a un hombre que, a pesar de las heridas del corazón y la distancia, nunca dejó de transmitir su grandeza a través de sus inmortales canciones.
Laurie-Anne Laget, profesora titular de literatura española contemporánea en la Universidad de la Sorbona, París
Alejandro Salade, director de Fundación Miguel de Molina y sobrino nieto del artista.
Inicios y ascenso (1931-1935)
Canciones tempranas de debut en Madrid y Valencia, con estilo flamenco-copla inicial.
Te lo Juro Yo (1930s)
Triniá (1935)
La niña de la Ventera (1935)
Guerra Civil y posguerra (1936-1941)
Temas de espectáculos republicanos y primeras grabaciones, antes del exilio.
La Bien Pagá (1935-1939)
Don Triquitraque (1930s-40s)
El Zorongo (1930s)
Exilio en América (1942-1960)
Éxitos masivos en Argentina y México, su etapa dorada con orquesta y films.
Ojos Verdes (1940s)
Las Cosas del Querer (1940s)
El Beso (1940s-50s)
La Hija de Don Juan Alba (1950s)