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Historias de superación en el Día Mundial del Síndrome de Down

Hablamos con Lucia Ros y su hija que ahora con más de 20 años trabaja en una empresa de Molina y vive en un piso compartido

Historias de superación en el Día Mundial del Síndrome de Down
Celebración en Murcia en una imagen de archivo
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Historias de superación en el Día Mundial del Síndrome de Down
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Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down. Lucía Ros recibió la noticia de que su primera hija había nacido con esta condición, cargada de miedo e incertidumbre. Pero su proceso, aunque difícil, ha sido profundamente transformador. Ahora no puede más que sentirse orgullosa del camino recurrido por Lucía, su hija, ya adulta.  Su historia es la de una lucha silenciosa por abrir puertas y demostrar que la inclusión no es un gesto, sino una oportunidad real de vida.

El diagnóstico llegó acompañado de mensajes negativos que ella decidió no aceptar. Desde el primer momento optó por buscar información, apoyos y confiar en las capacidades de su niña. Con paciencia, constancia y mucha disciplina, aquella niña que le dijeron que quizá no podría hacer muchas cosas fue creciendo entre rutinas, deporte, aprendizaje y una familia que nunca dejó de creer en ella. Ahora, adulta, trabaja, vive sola, y es un ejemplo de superación.

Con los años llegó el colegio, los apoyos educativos y también la unión con otras familias a través de ASIDO. Allí encontraron orientación profesional y un camino ya recorrido por muchos padres que habían vivido lo mismo. La constancia dio sus frutos: lectura, escritura, deporte y, más tarde, algo que para muchas familias supone uno de los mayores sueños cumplidos, un trabajo estable.

Hoy la hija de Lucía lleva más de dos décadas trabajando en una empresa de Molina de Segura. Tiene compañeras, responsabilidades y una rutina laboral que forma parte de su vida adulta.

Pero la historia no termina en el trabajo. Lucía vive ahora en un piso compartido con otras compañeras, también trabajadoras, con apoyos profesionales y la tranquilidad de sus familias. Es una vida independiente, con normas, convivencia y proyectos.

Historias como la de Lucía recuerdan que el Síndrome de Down es una condición. Nada más que eso. No define a una persona, pero sí pone a prueba a una sociedad. Desde Assido aseguran que aunque las cosas han cambiado mucho, todavía hay retos pendientes: más oportunidades laborales, más recursos y más espacios de participación.

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