Raticos Arqueológicos, con María Haber. El milenario vínculo entre humanos y perros
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La relación entre los seres humanos y los perros ha evolucionado a lo largo de milenios, pasando de una colaboración funcional a un profundo vínculo afectivo. Según los hallazgos arqueológicos, se estima que el primer contacto surgió durante las labores de caza, donde los perros ayudaban activamente y alertaban de la presencia de otros animales. Con la llegada del Neolítico, esta unión se estrechó aún más gracias a la ganadería y el pastoreo. En la Región de Murcia, el yacimiento de Camino del Molino destaca como un referente internacional, al albergar los restos de 47 perros inhumados junto a más de 1.300 sujetos humanos durante la Edad del Cobre.
Las investigaciones en este yacimiento han permitido identificar dos tipos diferenciados de cánidos destinados a tareas específicas. Por un lado, se han hallado perros de gran tamaño (incluyendo un lobo de 74 cm de alzada, uno de los más grandes de la Península Ibérica) cuyos dientes presentan poco desgaste, lo que sugiere que se utilizaban principalmente para la defensa. Por otro lado, existían perros más pequeños o de tamaño medio con un desgaste dental mayor, indicando una alimentación más cercana a la de los humanos y una probable asociación con el manejo del ganado. Además, análisis isotópicos han revelado que la movilidad de estos perros coincide con la de los varones de la población, lo que confirma que eran los hombres quienes realizaban el pastoreo en zonas agrestes acompañados de sus animales.