Carlos V e Isabel de Portugal: un amor imperial que marcó el destino de España
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A pesar de ser un enlace pactado por intereses políticos entre primos hermanos que no se conocían previamente, el matrimonio entre el emperador Carlos V e Isabel de Portugal se convirtió en una de las historias de amor más genuinas y profundas de la monarquía española. Tras su primer encuentro en los Reales Alcázares de Sevilla, la pareja vivió una extensa luna de miel en Granada, donde no solo concibieron al futuro Felipe II, sino que el emperador introdujo el clavel rojo en España como un gesto romántico inspirado en la devoción que su propio abuelo sentía por su abuela.
Más allá de lo sentimental, las fuentes destacan que Isabel fue una gobernadora culta y sabia que gestionó con total eficacia los asuntos del reino con la plena confianza de su esposo durante sus prolongadas ausencias por el imperio. Su prematura muerte a los 36 años, tras las complicaciones de su séptimo parto, dejó un vacío irreparable en Carlos V, quien, según detallan las fuentes, nunca volvió a contraer nupcias y mantuvo el retrato y el crucifijo de su amada presentes hasta el momento de su propia muerte en el monasterio de Yuste.