El tenista murciano, con molestias en el antebrazo derecho, se impuso a Otto Virtanen por 6-4 y 6-2, ya está en octavos de final del torneo catalán. Su próximo rival, Tomas Machac.
GREGORIO LEÓN
No están siendo unos días fáciles para Carlos Alcaraz. Para alguien que tiene tan mala relación con la derrota, caer ante su némesis, Jannik Sinner, y ceder el mismo día el número uno del mundo, no debe ser agradable. Y aunque esta semana puede recuperar esa posición, la arcilla del Club de Tenis Barcelona le ha dejado dudas. Se llevó la victoria ante Otto Virtanen, pero cuando jugaba el noveno juego, con ventaja 5-4, recibió atención médica. Unas molestias en el antebrazo derecho hicieron que el partido se parara, y que el corazón se encogiera a todos los aficionados que estaban en la pista Rafa Nadal y a los organizadores. El Godó no podía perder a su gran estrella. Y la cita siguió, Alcaraz con el gesto serio, sin celebraciones, midiendo cada golpe.
Ya fue apreciable en el primer capítulo que Alcaraz no terminaba de arrancar. Que su mejor versión quedaba muy lejos. Solo siete winners y hasta veintitrés errores no forzados, dándole resquicio al finlandés. Con algún sobresalto, pero el set cayó del lado del murciano.
En la segunda manga se le vio mermado, haciendo uso del revés a dos manos, racionando sus golpes de derecha. Protegiéndose. Y con esos recursos, y con un 83 por 100 de primeros servicios, puso sacar el día adelante, admitiendo incluso una ruptura a la que se atrevió Virtanen. Fue solo un susto.El punto que le dio la victoria le llegó gracias a un derechazo, como si los problemas que había tenido todo el partido se hubieran esfumado, de golpe.