9.444 espectadores acudieron al Cartagonova, con apenas cien seguidores del Murcia. Dos mil aficionados se concentraron en la explanada de Nueva Condomina y vieron el choque en una pantalla gigante.
GREGORIO LEÓN
No hay un derbi que se parezca a otro. Todos ofrecen singularidades. Este dejó una imagen insólita. De manera excepcional, la afición del Real Murcia decidió, casi con unanimidad, no acudir al Cartagonova. Poco más de cien hinchas quedaron ubicados en la zona asignada a los seguidores visitantes. Nada ver con el ambiente en la explanada de Nueva Condomina, donde se concentraron casi dos mil espectadores, pendientes de una pantalla gigante instalada expresamente para la ocasión.
Al otro lado del puerto de la Cadena, el fondo norte, este año ocupado por la grada de animación que ha propulsado la entidad albinegra, quedaba desplegado un inmenso tifo, dirigido al enemigo: "Vuestra odisea comienza en nuestras aguas". Y parecía una profecía, en efecto, porque el Cartagena poco a poco fue dirigiéndose hacia las rocas, hasta encallar. Por contraste, del Cartagonova nadie quería irse. La fiesta era total. La felicidad, plena. La que solo da ganarle al enemigo de siempre.