Un gol de Ferran Torres en el minuto 106 le da a la selección española su segunda estrella mundialista, tumbando a Argentina.
GREGORIO LEÓN
Nada puede con la fuerza de la familia, del poder que anida en ella, que la hace invulnerable. Da igual que enfrente esté la Argentina de Messi, esa Argentina de juego bronco favorecida por los árbitros, que en las gradas del MetLife la mezcla albiceleste prevalezca sobre el rojo. Desde que llegó a esta selección, Luis de la Fuente, con perfil bajo pero convicciones de acero, el seleccionador ha insistido en ese concepto, el de la familia. Sin egos ni vedetismos, ni siquiera el de Lamine Yamal. Todo ha quedado subordinado al bien común. Y desde la coralidad España se ha hecho dueña del mundo, una vez más. La segunda estrella ya queda prendida en el pecho para todos los siempres, igual que un día que solo olvidaremos cuando nos muramos. España reina desde la capital del mundo, Nueva York. Rodri, ese chico que es tan normal que ni siquiera ha caído en la tentación de tatuarse la piel, que imparte magisterio con voz pausada, sin darse importancia, ejemplifica como nadie lo que es esta España. Nadie mejor que él para levantar los cinco kilos de oro macizo de una copa que de nuevo acuna todo un país. Ese oro que brilla como el tesoro más escondido que solo alcanzan los más intrépidos. Aquel que se ganan los elegidos por los dioses. Un gol de Ferran en el minuto 106 resolvió el litigio, haciendo justicia.
La selección se trae a España un trofeo que bendijo Carlos Alcaraz. El murciano, héroe en Nueva York, apareció en el campo sosteniendo junto a Iniesta el cofre en el que viajaba la copa. Carlitos, atuendo color vainilla, pelo que empieza a tener frondosidad tropical, le dio con su mano mágica el empujón definitivo a España en la ciudad en la que ha llegado a la gloria ya dos veces.
La gobernanza del partido fue para España en la primera mitad. Ninguna sorpresa. Bajo la batuta de Rodri, y a pesar del césped, seco como la grama, buscó grietas en la defensa rival. Una de ellas estuvo a punto de aprovecharla Lamine Yamal, insistente por el costado derecho, sabiendo que podía hacer sufrir a Tagliafico. Los nueves, Oyarzabal y Julián Álvarez, veían la pelota de lejos. Hasta que el jugador de la Real apreció su oportunidad en un balón que le llegó en la frontal del área. Le pegó, pero sin colocación. También Cucurella se probó, sin puntería. España había sido flecha. Argentina, escudo.
Madonna, Shakira y Justin Bieber dan paso a la segunda parte
Es lo que tiene este Mundial de tantas novedades. Nadie tiene tan aguzado el sentido para el espectáculo como los estadounidenses. Y por eso el descanso duró más de lo reglamentado históricamente. Diecisiete minutos para el lucimiento de estrellas de la talla de Madonna, Shakira o Justin Bieber, mientras que los futbolistas de uno y otro equipo recuperaban fuerzas para el segundo acto.
España siguió llamando a la puerta. Dani Olmo avisó a Dibu Martínez. Y un centro de Lamine Yamal lo cazó con la cabeza Ferran, sustituto de Oyarzabal. El remate no llevó la potencia necesaria. Era la séptima oportunidad para el equipo nacional. T ni mucho menos la última, porque Lamine Yamal tuvo en el 97, libre directo mediante, el gol del título. El meta argentino se lo negó. Ya en ese momento estaba Argentina con diez, por expulsión de Enzo Fernández, que vio dos tarjetas amarillas. Y así se llegaba al tiempo extra.
Gol legal anulado a Nico Williams
Con un futbolista más, España acentuó su dominio. Y un balón le cayó a Merino, que chocó con Otamendi. La pelota terminó en los pies de Nico Wiliams, que embocó, pero el árbitro anuló el gol, por entender que se había producido falta del jugador del Arsenal. Un grave error del colegiado.
Y el gol de Ferran para hacer a España campeona del mundo
El fútbol premia a los osados. A los atrevidos. Y castiga a los que usan malas artes. Y la única selección que proponía era España, terca en su empeño de marcar. Pedro Porro vio a Nico Williams dentro del área. El jugador del Athletic prolongó y Ferran, entrando desde atrás, con la izquierda, batió a Dibu Martínez, por fin. A partir de ahí tocó una heroica resistencia. Y España aguantó hasta el minuto 125 para coronarse de nuevo.