Las cuadrillas adelantan sus jornadas para evitar las horas críticas, mientras que la falta de agua y el adelanto de la maduración incrementan los costes de producción
En plena campaña de recolección de fruta de hueso, las cuadrillas, como la de Juanjo, que tiene a su cargo a diez personas, siguen trabajando. Aunque muy pendientes de la evolución de las temperaturas y de los avisos meteorológicos por si fuera necesario parar.
"Las últimas horas pues claro, son las más sufridas, es cuando más aprieta el calor. Depende si tenemos algo de calima también influye, no calienta tanto el sol... Pero aun así, las últimas horas son son peligrosas. Si cambiara a la alerta roja, pues habría que cortar" según el encargado.
Las jornadas comienzan temprano para intentar esquivar las horas de mayor calor. "Pues empiezan a las 7:00 hasta la 1:00, 1:00, 1:30, según... Según venga la terminación. No, no apuramos, si no es una terminación, en cuantico aprieta el calor, cortamos".
Las altas temperaturas aceleran la maduración de la fruta y obligan a aumentar los riegos para mantener la calidad del producto, lo que incrementa los costes de producción. Asegura Juanjo que "Sí que afecta, porque luego la fruta se adelanta con los calores, hay que echarle más agua para que no se ponga blanda y... y sí que afecta. El tema del agua sí, porque tienes que gastar más agua de la cuenta. Entonces ya te influye en el precio".
La consigna es aprovechar las primeras horas del día y mantenerse atentos al cielo y al termómetro. La prioridad es proteger a los trabajadores.
Explica Juanjo de forma vehemente: "¡Coño, el calor! Pues se nota, vas agobiado, sudando todo el tiempo, pero bueno... Hay que hacerlo, no queda otra. En el invierno nos abrigamos por el frío y en el verano pues tenemos que sufrir el calor (risas). Al final te acostumbras. Si no cogemos la fruta, no come el personal fruta, no hay fruta en el supermercado".