Los especialistas advierten de que el aumento de los fenómenos extremos obliga a adaptar el diseño y el mantenimiento de las infraestructuras
El fuerte calor en verano y otros efectos adversos del clima, como las riadas o las nevadas copiosas en invierno, están provocando un serio problema en las infraestructuras de todo el mundo. Hace apenas unas semanas, el tranvía de algunas ciudades alemanas, como Leipzig, tuvo que ser suspendido tras deformarse las vías. Nos hemos preguntado si algo parecido puede pasar en España. Los expertos dicen que no, pero, ojo, advierten que la clave está en entender que ahora el mantenimiento debe ser mayor.
Quédense con esta palabra porque la van a escuchar mucho ahora y en los próximos años: reología. Es la rama de la física que estudia cómo se deforman y fluyen los materiales al aplicarles una fuerza externa. Por ejemplo, ocurre con las vías de tren. El acero puede alcanzar una temperatura hasta 20 grados superior a la del ambiente y, al aplicarle el peso de los convoyes, se produce esa deformación. Lo hemos visto recientemente en Alemania. Pero no solo ocurre en las vías férreas; otros elementos, como las catenarias, también son susceptibles., como explica Salvador Ayllón, director del Departamento de Ingeniería Minera y Civil de la UPCT.
También ocurre en otras infraestructuras, como las carreteras, que incluyen mallas de acero bajo el asfalto, y el calor hace que se deformen al dilatarse. En España, desde hace años existe una corriente en el diseño que tiene en cuenta los efectos del cambio climático a la hora de proyectar infraestructuras.
Un ejemplo, las juntas de dilatación por las que pasan nuestros coches al cruzar un puente.
Los expertos aseguran que en España se construye bien, pero advierten de que otra cosa es el mantenimiento de esas infraestructuras.
Otro problema es que, para otro tipo de fenómenos, como intensas nevadas o grandes aguaceros, no estamos tan preparados porque las infraestructuras no se construyeron pensando que tendrían que soportar esos extremos.