Roque Pérez, decano del Colegio de Ingenieros de Montes, destaca la importancia de reducir la carga de combustible en los bosques y generar empleo rural, 26 años después del devastador fuego de 1994
En el momento de mayor ebullición del fuego se produjeron varios frentes que sumaban más de 40 kilómetros. Hubo que desalojar multitud de viviendas, aunque por suerte no hubo que lamentar daños humanos. Roque Pérez, decano del Colegio de Ingenieros de Montes, explica que se está trabajando en la segunda fase de regeneración.
"Es un incendio que en el que se ha trabajado mucho. Se empezó a trabajar a principios de siglo en su restauración y se sigue trabajando. Se hizo una primera intervención hace 20 años y ahora se está haciendo la segunda intervención, ¿no?, de la recuperación de aquel pinar", señala el decano.
Pérez narra los trabajos: "Había una densidad de hasta 10.000 ejemplares por hectárea, con lo cual lo que hubo que hacer fue clarear, quitar ejemplares para que los que quedasen pudiesen desarrollarse con total normalidad. Y eso se hizo en la primera fase y ahora, cuando hay ejemplares que tienen 8 o 9 metros de altura, pues se está haciendo una segunda fase para recuperar el estado el estado primitivo, ¿no?".
El decano del Colegio incide en la necesidad de trabajar en la prevención: "Bueno, el trabajo de prevención consiste en silvicultura preventiva, ¿no? O sea, tenemos que hacer lo que hacían los nuestros antepasados hace 50 años, que es aprovechar las leñas de los montes y las maderas de los montes. Con ese aprovechamiento que se hacía hace 50 años, pues bajas la carga de combustible, hay menos combustible y los incendios pues no son tan violentos como los que estamos viendo ahora mismo, ¿no?"
Una limpieza de montes que crearía nuevos nichos de trabajo. "Eso ahora mismo se puede hacer con maquinaria, con tecnología del siglo XXI, y esa leña, esa biomasa también se puede utilizar para para combustible como la como como ya se se está utilizando incluso en el Hospital de Virgen de la Arrixaca. Y de paso, pues eh generar empleo rural en las zonas que que hace falta", apunta Roque Pérez.
26 años después, se sigue notando la huella del incendio, explica Roque Pérez: "Es importantísimo evitar los grandes incendios, porque un incendio de 300 hectáreas, pues es un incendio que se puede recuperar, que no que no afecta gravemente al territorio. Pero una un incendio de 30.000 hectáreas, como el de Moratalla, pues arruina a una comarca para mucho tiempo"
El incendio del 94 afectó a las sierras de la Muela y del Cerezo y los montes situados entre esta y el Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza en Calasparra. También se vieron afectados los municipios de Cieza y Jumilla, así como la población albaceteña de Hellín.