VIVA LA RADIO. Murcia, año 2772. Todos los caminos conducen a Roma. Medios de transporte a través de la Vía Augusta

¿Cómo se viajaba en la antigua Roma? A pie, a caballo, en burro, en carro, cuadriga o bigas (carros tirados por dos caballos)... viajamos "sin prisa" por la Roma Imperial. Adolfo Díaz Bautista, profesor de derecho romano

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Para desplazamientos largos, la forma habitual para la clase pudiente era la litera. Había casas de alquiler de literas para desplazarse. La litera es una cama cubierta por un dosel portada por cuatro esclavos. Delante iba un quinto esclavo dando voces para que la gente se apartara. Si el viaje era largo, los esclavos se sustituían por bueyes. También había una variedad de carros tirados por animales para uno o varios pasajeros

Vías de comunicación

Para dominar una amplísima parte de Europa, Asia y norte de África era necesario llegar, en poco tiempo, de una a otra parte del Imperio. Esto se consiguió con vías de comunicación nunca vistas (calzadas) y rutas comerciales seguras. En la Edad Media, cuando desapareció la seguridad en el tráfico marítimo y terrestre, decayó el comercio y se arruinó la economía.

Por tierra

Las calzadas constituyen uno de los principales legados del mundo romano. No sólo por su técnica sino por su concepción -totalmente novedosa en aquel tiempo- de grandes rutas transcontinentales. No es sólo que las calzadas fueran cómodas sino que estaban diseñadas para llegar de Cádiz a Roma, y de ahí a Normandía… 

Cuando se había tomado la decisión de la construcción, la delimitación de la ruta era encomendada a los topógrafos, mensores romanos que realizaban el replanteo de la carretera.

 

Las vías romanas se caracterizan por ser muy rectilíneas en los terrenos llanos. Evitan al máximo las zonas inundables y las inmediaciones de los ríos. Cuando había de cruzar un río, la vía pasaba por un puente, generalmente de piedra, de los que aún quedan unos pocos ejemplos. Las vías se ensanchaban en las curvas para permitir que los carros girasen mejor.

 

Después de tomar las medidas, los topógrafos señalaban la ruta por medio de hitos. Para completar la preparación del trazado se llevaba a cabo el desmonte y la tala de árboles.

Las calzadas estaban señalizadas, en cada milla había un hito -un poste que marcaba el punto kilométrico- y cada 30 o 40 millas (unos 60 km) había posadas y puntos de cambio de caballerías. Incluso cada 12 pasos había un bordillo para facilitar la subida y bajada del caballo, así como bancos y lugares para descanso de los caminantes. Viajar por el Imperio nunca fue tan fácil y seguro.

Pero la construcción de las calzadas tenía también una detallada regulación jurídica: respecto a su construcción, su anchura y las condiciones técnicas. El ancho de las calzadas era el necesario para el paso de un carro por cada sentido. También estaba normalizado el ancho de los carros: el espacio necesario para que tirasen de él dos mulos. Este ancho se mantuvo en el tiempo, porque los caminos romanos fueron las vías principales de Europa hasta el siglo XX. Cuando se construyó el ferrocarril en Inglaterra se mantuvo el mismo ancho y que acabó convirtiéndose en el ancho estándar.

Además, los romanos declararon las vías como “dominio público” esto significa que nadie puede tener un derecho exclusivo sobre ellas ni impedir el paso a los demás, y si alguna obra impidiera el paso o deteriorara la vía (por ejemplo una salida de agua) cualquier ciudadano puede exigir al causante su reposición.

No sabemos al cien por cien el recorrido de las vías romanas, algunas se han perdido y la mayoría se han reutilizado. Conocemos algunas “guías de viaje”, como el itinerario Antonino o la tabula Peutingeriana. También hay un conjunto de vasos, los vasos de Vicarello, que contienen indicaciones sobre la ruta de Roma a Cádiz. En muchos casos, las modernas autopistas han seguido el trazado romano porque simplemente es el mejor.

En lo que respecta a la Región de Murcia, no conocemos muy bien la red de carreteras romanas, aunque había vías principales y secundarias. Una ruta entraría a la región por Lorca, donde se han encontrado restos, seguiría el curso del río Guadalentín y a la altura de Alcantarilla se cruzaría con la calzada que llevaba de Carthago Nova hacia el interior, hacia Complutum (Madrid). Después seguiría bordeando el valle del Segura (quizás por Monteagudo) hacia Elche. Otra ruta partiría de Cartagena y, bordeando el mar menor cruzaría por el puerto del Garruchal. El problema es que en esa época la vega baja no existía; a partir de Orihuela el mar invadía la cuenca del Segura formando el “sinus illicitanus” y prácticamente todo era agua, por lo que la ruta más probable hacia Alicante tendría que cruzar el río antes de Orihuela; probablemente el único punto seguro para cruzar el río fuera Alcantarilla. Hacia el norte sabemos que había una fuerte romanización (Cehegín, Bullas…) pero sobre todo en Yecla. La razón es que la ruta terrestre desde Córdoba hacia Valencia sorteaba la sierra del Segura por el norte, por Albacete y de ahí se aproximaba al mar (por Tobarra, Ontur, Villena), por lo que Yecla pillaba de camino. Si vemos un mapa actual de carreteras, por toda esa ruta discurre aún la N-322 desde Úbeda hasta Albacete.

En la universidad de Stanford crearon una aplicación, llamada ORBIS (está en la web) que calcula cualquier itinerario en el imperio romano siguiendo las rutas que conocemos, calculando el tiempo y el coste.

 

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