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La décima medalla
T01C137

51:53
Hace 3 horas
De lunes a viernes, de 15:10 a 16:00. Espacio dedicado a la actualidad cultural desde distintos puntos de vista. Agenda, estrenos, publicaciones... La curiosidad es contagiosa

El pintor jumillano Jesús Lozano Saorín recibirá el próximo viernes la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), una institución ideada por Mariano Benlliure a comienzos del siglo XX y presidida en aquellos primeros años por Joaquín Sorolla. Esta tarde nos ha visitado Saorín en La Hora de la Cigarra para hablar de un galardón en cuya concesión no se prodiga la AEPE, que sólo ha entregado una docena de estas medallas en sus más de cien años de historia. Estamos ante un pintor realista, detallista en extremo, que hace ya muchos años abandonó el óleo y lo sustituyó por la acuarela, un técnica que, para este tipo de representaciones, entraña una especial dificultad porque apenas permite margen de error. Sus motivos preferidos son espacios abandonados, antiguas herramientas de labor, ruinas que actúan como testigos mudos de un pasado olvidado por la mayoría. Con la ayuda del director del MUBAM, Juan García Sandoval, hemos hablado con Saorín de lo divino y de lo humano: de su relación (inexistente) con la abstracción, la performance y otras formas del arte contemporáneo; de su ausencia de las programaciones culturales de Murcia desde hace cerca de 15 años; del silencio de las autoridades municipales a las que ha propuesto volver a exponer en la capital de la región y de sus contactos con el Ayuntamiento de Jumilla para recuperar un espacio en el que poder mostrar algunos de sus trabajos.

Por el capítulo de esta tarde también ha pasado -de la mano de nuestro colaborador Ignacio del Olmo- Manuel Avilés, un granadino afincado en Alicante que ha publicado "40 años de cárcel sin redención". Un libro en el que cuenta en primera persona el papel que jugó, como funcionario de prisiones, en la estrategia para abrir fisuras en el seno de la banda terrorista ETA. Y desde luego, fue un papel determinante: como hombre de confianza de Antonio Asunción, Director General de Instituciones Penitenciarias y, más tarde, Ministro de Interior, Manuel Avilés fue el encargado de demostrar que la dirección de ETA ejercía un control férreo sobre sus propios presos, a los que amenazaba de muerte para evitar que pudieran romper la disciplina interna. Lo hizo grabando ilegalmente las conversaciones entre los presos y sus abogados. Pero aquella filtración abrió una grieta definitiva en la apariencia monolítica de ETA y dio origen a lo que luego se llamaría la "vía Nanclares", la que permitía la reinserción de los presos terroristas siempre que se desvincularan de la organización, renegaran de la violencia y pidieran perdón a las víctimas. Una vía que Avilés impulsó también a través de entrevistas personales con más de 700 presos terroristas. Hoy sólo hemos escuchado una primera parte de esta conversación que completaremos la próxima semana


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