Todos con la palma

La entrada al mirador

De cómo los japoneses se han dado cuenta de que gritar y cantar aumentan la posibilidad de contagio

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Buenas tardes,
 
Como saben, la crisis del coronavirus cada país se la ha tomado de una manera y ha elegido qué medidas utilizaba para que les afectara lo menos posible. Hoy me ha llamado la atención leer sobre cómo ha afrontado la epidemia Japón.  
 
Allí en lugar de meter a todo el mundo en sus casas, se centraron en localizar los puntos dónde más se contagian sus ciudadanos. Cada vez que se notificaba un caso de covid, los investigadores japoneses analizaban dónde había estado esa persona y otras de su entorno que también hubieran dado positivo. Y se llevaron muchas sorpresas. La más importante, que no se contagian en el metro. El metro de Japón mueve millones de personas hacinadas todos los días, pero prácticamente ninguna de esas búsquedas de focos de contagio ha acabado en el metro. Y ¿por qué? Pues ellos creen que es porque aunque en el metro van muy juntitos, la verdad es que la mayoría viaja solo, con la mascarilla puesta y los ojos fijos en su móvil sin hablar con nadie. Y si no hablas, no sale saliva.
 
En Japón, los focos de contagio han sido locales de música en vivo y salas de karaoke, lugares que cumplen con las 3 condiciones de peligro: son cerrados, están abarrotados y la gente no puede guardar la distancia.  Pero sobre todo, cumplen con otra característica: 
son los únicos sitios donde los japoneses gritan. Estos seres humanos tan silenciosos cuando llegan a los bares o a los karaokes tienen que hablar alto para poder ser oídos o para cantar. Y ahí es donde se contagian.
 
Según un estudio de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, un minuto de conversación en voz muy alta produce miles de 'droplets' que es como llaman a esas gotitas de saliva peligrosas de las que ya hemos hablado que se quedan suspendidas por el aire y nos contagian el virus. Un solo minuto de conversación en voz muy alta produce miles. 
¿Se han dado cuenta de cómo hablamos los españoles? En el metro, en el trabajo, en casa, a nosotros no nos hace falta estar de bares o cantar en el karaoke, hablar en voz alta es nuestro estado natural. Y cuanto más enfadados estamos, más gritamos.
 
Que no digo yo con esto que tengamos que callarnos, o que no gritemos, o que no nos enfademos… Solo digo que vale la pena que pensemos si esto tiene alguna moraleja: que puede ser eso de que si no tenemos algo positivo o constructivo que decir, el silencio es mucho más bonito o que nos vayamos todos a vivir a Japón. 
 
MARTA FERRERO 

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