Desde el gallinero. Dormir colgado de un cordel o en un ataúd
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En el siglo XIX y principios del XX, aparecieron en Madrid alternativas como las posadas de cordel, alojamientos extremadamente baratos de esa época en España en los que los clientes (jornaleros, vagabundos o personas sin recursos) dormían sentados en bancos o sillas recostados sobre una cuerda tensada a ras de pared. Al amanecer, el dueño o encargado de la posada tiraba de la cuerda o la cortaba, lo que hacía que los clientes se cayeran al suelo para desalojar la sala.
También existían los cafetines-dormitorio, unas tascas en las que la clientela se sentaba alrededor de la mesa para dormir pero les despertaban cada dos horas para consumir, o los cotarros, casas de dormir con camas compartidas.
En Inglaterra tenían los ‘albergues de mala muerte’, y en París también se pagaba por el derecho a usar el suelo para dormir.
Clara Alarcón es directora del Museo de la Ciudad de Murcia, y esta semana nos invita a visitar el ‘altar de muertos’ dedicado a Federico García Lorca.