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Desde el gallinero. Dormir colgado de un cordel o en un ataúd
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25:51
Hace 1 día
La historiadora Clara Alarcón nos habla hoy del grave problema de la vivienda en las grandes ciudades europeas con la llegada de miles de personas emigradas desde el campo que buscaban trabajo por la industrialización.

En el siglo XIX y principios del XX, aparecieron en Madrid alternativas como las posadas de cordel, alojamientos extremadamente baratos de esa época en España en los que los clientes (jornaleros, vagabundos o personas sin recursos) dormían sentados en bancos o sillas recostados sobre una cuerda tensada a ras de pared. Al amanecer, el dueño o encargado de la posada tiraba de la cuerda o la cortaba, lo que hacía que los clientes se cayeran al suelo para desalojar la sala.

También existían los cafetines-dormitorio, unas tascas en las que la clientela se sentaba alrededor de la mesa para dormir pero les despertaban cada dos horas para consumir, o los cotarros, casas de dormir con camas compartidas.

En Inglaterra tenían los ‘albergues de mala muerte’, y en París también se pagaba por el derecho a usar el suelo para dormir.

Clara Alarcón es directora del Museo de la Ciudad de Murcia, y esta semana nos invita a visitar el ‘altar de muertos’ dedicado a Federico García Lorca. 

 


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