VIVA LA RADIO. Murcia año 2773. Un un año más desde la Fundación de Roma

De la diosa del Amor y del Dios de la Guerra nacieron Rómulo y Remo, que según cuenta la leyenda fueron amamantados pro una Loba. La fundación de la ciudad de Roma llevó a Rómulo a matar a su hermano. "Todo por Roma"

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Adolfo Díaz Bautista - Profesor de Derecho Romano de la Universidad de Murcia

LA FUNDACIÓN DE ROMA

Según los investigadores, hace 3.000 años, en la zona que hoy ocupa la ciudad de Roma, convivían una serie de aldeas que ocupaban las colinas en torno al río Tíber, por una zona semipantanosa (como podía ser Murcia antes de la construcción de la Contraparada), por donde el río era vadeable.

En una época en que no había puentes, el vado de un río era muy importante, pues las rutas comerciales tenían que cruzar necesariamente por ahí.

De algún modo, entre guerras y alianzas, las aldeas fueron uniéndose formando una especie de federación que les permitía protegerse frente a enemigos comunes.

A pesar de los esfuerzos de la arqueología, sabemos aún poco de los orígenes de Roma. Hacia el siglo I dC (1000 años después de que existiera Roma) los romanos inventaron una historia legendaria sobre su origen y situaron el comienzo en un 21 de abril del año 753 antes de Cristo.

Pero la leyenda arranca mucho antes, en la guerra de Troya, la mayor historia mítica de la antigüedad. En ella hay un personaje, Eneas, hijo de Afrodita, huye del incendio cargando en hombros a su padre anciano y llevando de la mano a su hijo pequeño. Es un símbolo de que el héroe troyano lleva consigo la sabiduría del pasado y el porvenir. Realiza un viaje mítico -parecido a la Odisea- y acaba en la península itálica fundando una ciudad, Alba Longa.

Mucho tiempo después, un descendiente de Eneas, Amulio, destronó a su hermano Numitor, se hizo ilegítimamente con el poder, mató a sus hijos y consagró como sacerdotisa vestal a su hija Rhea Silvia. Las vestales eran unas sacerdotisas muy importantes en el mundo romano que debían permanecer célibes. De ese modo el malvado de Amulio se aseguraba que no habría descendencia de Numitor.

Pero un día, cuando Silvia estaba descansando, el dios Marte se le apareció y la fecundó. El historiador que lo cuenta, Tito Livio, añade “o eso dijo ella para excusarse”. El caso es que nacieron dos gemelos, Rómulo y Remo. El rey ordenó que los mataran, pero sus cazadores, apiadados de los niños, los abandonaron en un cesto a la orilla del Tíber. Por allí pasó una loba, que acababa de perder a sus crías, se compadeció y los amamantó (también aquí, añade Tito Livio que las prostitutas de Roma eran llamadas a veces “lupae”, por lo que vaya usted a saber…)

El caso es que los niños fueron recogidos por un cazador, cuya esposa había perdido a su hijo, que los crió como propios, hasta que fueron mayores.

Los niños, ya crecidos descubrieron su origen y marcharon a Alba Longa, destronaron al usurpador, y decidieron fundar una ciudad en el lugar dónde habían sido amamantados por la loba, pero surgieron diferencias entre ellos y Rómulo mató a Remo, convirtiéndose así en el primer rey de la Historia de Roma.

 

Evidentemente toda la historia de Rómulo y Remo es inventada, pero las leyendas nos sirven para conocer qué piensa un pueblo sobre sí mismo. En este caso tenemos un origen mítico que enlaza con la guerra de Troya. En cierto modo los romanos se consideraban descendientes de los troyanos. Además, su fundador remoto (Eneas) es hijo de Afrodita, mientras que Rómulo y Remo son hijos de Marte. Amor y Guerra. Tampoco el hecho de que fueran criados por una loba es indiferente: el lobo siempre ha sido un animal temido y admirado por su inteligencia y por su fuerza. Alguien que crece con leche de loba es una especie de Spiderman antiguo.

Nos quedaría por interpretar el fratricidio. Se trata de un crimen horrendo que quebrantaba el fas, el orden natural de las cosas, y acarreaba terribles consecuencias. En la historia de Roma, Rómulo mata a su hermano porque éste se burla de la ciudad que ha fundado su hermano. La moraleja es que la ciudad de Roma es sagrada y que, si fuera necesario, sería lícito incluso matar a un hermano con tal de salvarla. Patriotismo puro.

La leyenda continúa explicando cómo se pobló la ciudad. Por un lado, invitaron a todos los fugitivos de Italia. Todo ladrón, asesino, estafador… que huyera de su pueblo era bienvenido en Roma (algo que por otro lado ha sido habitual en las repoblaciones, también se establecía en la Edad Media aquello de “mata al rey y vete a Murcia”, porque los delincuentes eran perdonados si vivían un año en las tierras conquistadas a los musulmanes).

Pero, aunque con esta oferta consiguieron poblar la ciudad, según la leyenda, les faltaban mujeres. Dada la calaña de los primeros romanos es probable que ningún habitante de los pueblos cercanos quisiera que su hija se casara con un romano. Decidieron convocar una fiesta para celebrar la fundación de la ciudad e invitaron a los sabinos, un pueblo cercano. Emborracharon a los visitantes y, cuando estaban dormidos, les robaron a sus hijas, y se “casaron” con ellas. (En la antigüedad el matrimonio era el hecho de yacer con alguien, no era un acto solemne).

Cuando los sabinos se despertaron, se enfadaron bastante al ver que sus hijas habían sido raptadas por los romanos. Declararon la guerra a los romanos, pero las sabinas -las raptadas- se interpusieron entre ellos diciendo que “si ganaban la guerra sus padres, ellas quedarían viudas, mientras que si ganaban los romanos -sus nuevos esposos- quedarían huérfanas”, así que mejor tener la fiesta en paz y convivir todos juntos.

El ejemplo es muy significativo de la situación de la mujer en el siglo VIII antes de Cristo: lo de menos es que ella consintiera su matrimonio. Lo importante era tener un marido que la protegiera.       Pero también dice mucho de la inteligencia y sagacidad de las mujeres. Probablemente en este contexto la solución de las sabinas era la más inteligente, aunque a nosotros nos parezca cruel y brutal.

La historia de Roma, tanto la real como la inventada, nos demuestra la tenacidad de un pueblo que creía en sí mismo y en su designio inmortal. Eso les hizo sobreponerse a mil desastres, epidemias, guerras, volcanes… El ejemplo de Roma no es el de haber triunfado siempre sino el de haberse sobrepuesto a cada caída. Precisamente, cuando dejaron de creer en sí mismos, fueron derrotados.

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