VIVA LA RADIO. Murcia año 2772. La república y los dictadores de Roma
Julio César político y militar romano del Siglo I a.C

VIVA LA RADIO. Murcia año 2772. La república y los dictadores de Roma

El poder en Roma estaba compartido pero necesitaron de la figura de un dictador para tomar medidas ágiles que permitieran acabar con amenazas puntuales. No se perpetuaban en el poder hasta la llegada de Julio César

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Adolfo Díaz Bautista

DICTADORES EN ROMA

 

Estamos acostumbrados a pensar en Roma como un sistema autocrático en el que un déspota -el emperador- aglutina todo el poder. Sin embargo, según la tradición, durante 500 años (desde el 509 aC hasta el 27 aC) el poder en Roma estuvo muy repartido, en un complejo sistema que aparentaba ser una democracia: la república.

Según Polibio, un historiador griego del siglo II aC, la República romana era el más perfecto de todos los sistemas políticos, porque aunaba elementos de la monarquía, la democracia y la aristocracia, los tres sistemas reconocidos por Aristóteles. Los historiadores modernos no son tan benévolos con un sistema en el que imperaba una casta económica y social y que de democracia sólo tenía el nombre, sin embargo, lo que sí parece cierto es que el poder estaba muy repartido: por un lado estaban los comicios, asambleas de ciudadanos que aprobaban las leyes y elegían a los gobernantes (llamados magistrados); los cargos políticos duraban un año, eran gratuitos y siempre había al menos dos personas en cada cargo, para evitar que uno tuviera todo el poder o se corrompiera. Además, estaba el senado, formado por políticos retirados y miembros de las familias más pudientes, que controlaba las finanzas y dirigía la política exterior. Cuando todo este sistema funcionaba tenía la virtud de que nadie podía controlarlo todo; era necesario pactar, acordar y negociar para sacar cualquier proyecto adelante.

Pero los romanos se dieron pronto cuenta de que este reparto de poder, aunque podía ser beneficioso en tiempo de paz, era contraproducente. Cuando el enemigo estaba “ad portas” y amenazaba con invadir Roma, no podían demorarse las decisiones en interminables debates y vetos. A veces en la vida hay que tomar decisiones inmediatas. Para eso crearon la figura del “dictador”.

En nuestros tiempos, un dictador es un tirano que alcanza el poder de manera ilegítima y lo usa en contra del pueblo, pero en Roma no tenía ese matiz peyorativo, se trataba de una figura política establecida en su “constitución” que además siempre tenía carácter temporal, aunque Julio César se hizo nombrar “dictador perpetuo” poco antes de ser asesinado. 

En realidad, el nombramiento de dictador era una especie de “estado de sitio”. Las Constituciones modernas prevén tres estados de emergencia posibles: alarma, excepción y sitio. En el primero, en el que nos encontramos, el Estado asume todos los poderes de las comunidades autónomas y entidades locales para coordinar la respuesta a una emergencia, como la pandemia. El estado de excepción y el de sitio son modalidades agravadas en función de la situación. En el estado de alarma no se pueden vulnerar los derechos de los ciudadanos, por eso muchos juristas discuten si el confinamiento es realmente constitucional.

En Roma hubo ejemplos de buenos y de malos dictadores. La leyenda cuenta que en el siglo V aC, cuando Roma no era más que un pueblo grande en medio de Italia, la ciudad se vio amenazada por los Ecuos y los Volscos, dos pueblos vecinos. Ante la posibilidad de ser invadidos, el Senado llamó a un viejo general retirado, llamado Cincinato, para que liderara al ejército y defendiera la ciudad. El anciano estaba en su finca, retirado de la vida pública, arando su huerto. Cuentan que, al recibir la petición, dejó el arado, se quitó sus ropas, se vistió de general, salió al campo de batalla y tras una lucha derrotó a los enemigos. Inmediatamente volvió a su casa, se cambió de ropa y siguió arando su huerto. El ejemplo de Cincinato quedó como el gobernante honesto que no busca perpetuarse en el cargo ni obtener beneficio personal del poder. Muchos años después, los fundadores de Estados Unidos darían su nombre a una ciudad: Cincinnati.

Pero también hubo dictadores que aprovecharon su cargo y fueron despiadados. En el siglo I aC, tras una dura guerra civil, Lucio Cornelio Sila se hizo con el poder, haciéndose nombrar dictador. A partir de ahí desató una terrible persecución que acabó con la vida y los bienes de todos sus oponentes. Tras dos años de dictadura, un buen día, Sila se enamoró de una joven y renunció al poder, retirándose a una villa junto con su joven esposa y su amante, el actor griego Metrobio. Cuentan que, cuando anunció su retirada, el pueblo comenzó a insultarle, vengándose de su crueldad, según la leyenda, Sila murmuró entre dientes “idiotas, a partir de ahora ningún dictador renunciará voluntariamente”. Plutarco cuenta que en su epitafio hizo constar que nadie había sido mejor amigo de sus amigos ni peor enemigo de sus contrarios.

Poco después de Sila las figuras que dominaron el panorama político fueron Pompeyo y Julio César, y tras la muerte de éste, Octavio Augusto, que dio la puntilla final al sistema de la república, un sistema de equilibrios de poder que estaba gravemente herido desde el gobierno de Sila.

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