El pontífice oficia una solemne misa por el centenario de la muerte de Antoni Gaudí
La misa solemne en la Sagrada Familia por el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí ha arrancado en la basílica presidida por el papa León XIV desde el presbiterio, en el último y más destacado acto de la visita del pontífice a Cataluña.
Tras un recorrido en papamóvil por el Eixample barcelonés, el papa ha entrado al recinto de la Sagrada Familia, acompañado por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella.
A pie del vehículo, el papa ha sido recibido por los reyes Felipe y Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente catalán, Salvador Illa, entre otras autoridades.
Junto a los reyes, el pontífice ha escuchado primero la intervención de Valentina, una niña invidente de nacimiento de 12 años que le ha mostrado una maqueta táctil de la Torre de Jesús.
Acto seguido, ha bajado a la cripta de Gaudí, acompañado de Omella, del ceremoniero del Vaticano y del rector de la parroquia, donde ha saludado al Patronato de la Sagrada Familia ante la capilla de Sant Josep.
Ahí, ha realizado una oración personal ante el Santísimo y la tumba del arquitecto catalán, antes de dirigirse a la sacristía para el revestimiento y los preparativos litúrgicos.
A esta misa solemne asisten 8.000 personas —la mitad dentro de la basílica y la otra en el exterior—, entre las que figuran las principales autoridades, entre ellas el presidente del Parlament, Josep Rull, y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni.
La celebración combina canto gregoriano, música litúrgica popular y repertorio coral de tradición catalana, entre otros, que interpretan 500 cantores adultos de Cataluña y 100 niños y niñas de coros infantiles.
Después de la misa llega el acto de bendición de la Torre de Jesús, que se eleva a 172,5 metros y que es la culminación de la Iglesia católica más alta del mundo. La celebración finaliza con un gran espectáculo de luz en homenaje a Gaudí.