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VIVA LA RADIO. Murcia año 2772. Otras epidemias que asolaron Roma: Nada nuevo bajo el sol

Sin mucho conocimiento sobre virus y bacterias, con pocas o ninguna medida de prevención y con una gran expansión del imperio,los romanos sufrieron varias epidemias que supusieron la muerte de millones de personas.

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PESTE EN ROMA

Adolfo Díaz Bautista, profesor de derecho romano, Universidad de Murcia

El ser humano, como todos los animales, ha convivido desde sus orígenes con multitud de virus y bacterias. Muchos de ellos son inocuos o incluso beneficiosos para la salud, otros nos provocan síntomas leves y algunos son letales. Sabemos que ciertas medidas de higiene y aislamiento social pueden reducir el contagio, pero la asepsia total es incompatible con la vida. A fin de cuentas, somos mortales y aunque “lo que no nos mata nos hace más fuertes”, siempre habrá algo que termine con nosotros.
Como el contagio necesita el contacto cercano entre personas, las sociedades urbanas son mucho más proclives a las epidemias. Además, la globalización hace que cualquier virus, bacteria o parásito se disemine en poco tiempo por un amplio territorio. Esta es una característica de nuestro tiempo que también estaba presente en el mundo romano. La gran extensión del imperio y las fuertes relaciones comerciales incluso con civilizaciones ajenas al mundo romano permitieron, en varias ocasiones, la propagación de pestes que diezmaron la población.
A lo largo del imperio romano se sucedieron las epidemias. La más antigua que conocemos es la del 459 aC, ocasionada por el hacinamiento derivado de un asedio a la ciudad por parte de los pueblos vecinos. También hubo una gran epidemia en el 174 aC. Ya la ley de las XII Tablas, del siglo V aC establecen normas prohibiendo los enterramientos dentro de la ciudad, para evitar la propagación de enfermedades.
Pero a partir del siglo I aC, la expansión de Roma por el mediterráneo, Europa y Asia hizo que las infecciones se propagaran con mucha más rapidez.
Una de las epidemias más famosas es la “plaga de Antonino”, ocurrida en el año 166 dC, bajo el gobierno de los emperadores Vero y Marco Aurelio. La plaga provino del asedio de la ciudad de Seleucide, junto al Tigris, en el actual Irak. Probablemente se trató de una epidemia de viruela que, en el plazo de un año, infectó a toda la población del imperio. Algunas ciudades de Hispania quedaron totalmente despobladas. Se calcula que tuvo una tasa de mortalidad del 7 al 10%, lo que supone la muerte de 3 a 5 millones de personas en todo el Imperio. El emperador Marco Aurelio -que terminó sucumbiendo a la peste- dictó normas relativas al transporte de cadáveres y a los enterramientos, para evitar la propagación. En esta epidemia se hizo célebre Galeno, el médico de la corte, que consiguió atajar el contagio en parte del imperio.
Cien años más tarde, a mediados del siglo III, el Imperio sufrió una nueva pandemia. No sabemos a ciencia cierta el causante, quizás fue una variante de gripe o quizás algo parecido al ébola. Lo cierto es que la mortalidad fue brutal. Según las fuentes, morían 5 o 6.000 personas al día en Roma. La mortalidad se cifra en el 40%. Según muchos autores esta epidemia fue muy importante en la difusión del cristianismo, pues la gente, ante la inminencia de la muerte, adoptó la religión emergente.
En el siglo VI el imperio de oriente (occidente ya había caído) se vio azotado por una epidemia de peste bubónica que mató a más de cien millones de personas. Sin embargo, la pandemia más terrorífica de la que tenemos noticia fue la peste negra que asoló el mundo en el siglo XIV. Una de las razones de su “éxito” parece ser el largo periodo de incubación y contagio latente de la bacteria (unos veinte días) lo que permitía extender la enfermedad sin saberlo. Se afirma que la peste negra mató al 40% de la población europea. Se trata de una variante de la bacteria Yersinia pestis que llegó a Italia procedente de Asia y desde ahí se extendió por todo el mundo, aunque algunos autores lo discuten: según estos investigadores la peste negra estaría provocada por un virus hemorrágico que presenta algunas similitudes con el SIDA. Esto explicaría que el 10% de la población europea sea inmune al VIH, porque heredan una mutación genética que les protegió de la peste.

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